"Que mi esposa temiera la índole hosca de mi carácter, que me huyera y me amara muy poco, no podía yo pasarlo por alto; pero me causaba más placer que otra cosa. Mi memoria volaba (¡ah, con qué intensa nostalgia!) hacia Ligeia, la amada, la augusta, la hermosa, la enterrada. Me embriagaba con los recuerdos de su pureza, de su sabiduría, de su naturaleza elevada, etérea, de su amor apasionado, idólatra."
Ya me planteé varias veces en esas mañanas en las que no tengo nada que hacer qué pasaría si surgiera la problemática de que me dejaras(o dejases) de querer. Reducí mis delirios a simplemente dos básicas soluciones, a las cuales precede la acción de llorar desconsoladamente el tiempo que sea necesario para que mi cuerpo empiece a ser 10% agua y ya no pueda secarme más. Una es olvidarme de todo, olvidarme de vos, distanciarme cuanto pueda para ya no percibir tu presencia, al menos por un tiempo hasta que me recupere y acepte la idea de que ya no seas mi compañero de aventuras. Buscar alguien que se te parezca porque sos de lo que más me gusta y no quiero perder el hábito de ser como soy con vos. La otra, un poco más interesante, más divertida y que implica un esfuerzo mayor, es buscar alguien completamente opuesto a vos, alguien que no se parezca casi en nada (aunque sin irme al extremo de buscarme un wachiturro). ¿Para qué? Para mantener tu recuerdo vivo, para ver a mi pareja y pensar "él era así, él hacía esto, a él le gustaba lo otro" y vivir solamente para sentir eternamente un vacío en el centro del estómago. Una solución poética, absurda y que te convertiría en la Ligeia de Edgar Allan Poe, solamente que mi pareja no enfermaría para, en su noche más terrible, convertirse en vos y llenarme de gloria y paz. Sería una idea enferma, pero de esa forma jamás olvidaría la grandeza sentida al estar a tu lado, coordinando mi caminar con el tuyo para no chocarnos de costado; izquierda, derecha, izquierda, derecha...
No hay comentarios:
Publicar un comentario