Dieciocho años, aproximadamente un quinto de mi vida hecho, años de aprendizaje a prueba y error, años en los que aprendí de que trata todo esto de vivir, años que, a pesar de las zonas grisáceas, tuvieron sus momentos de esplendor y sonrisas radiantes. Ya me resigné a escribir todos los años acerca de que no me gusta cumplir años, me resigné a pensar en lo que significa agregar un año más de vida a mi contador biológico, me niego a reflexionar acerca de esas cosas que me llevan a divagar unos minutos para dejarme horas largas sumida en la más profunda de las angustias. Me lleno la cabeza con historias de princesas y cuentos de hadas con finales felices porque me cansé de vivir en la amargura de ver el tiempo pasar dejando todo devastado a su paso. Es muy difícil caminar así, con los ojos vendados, pero creo que es peor tener que hacerlo con los cinco sentidos alerta, alarmada, enferma. No me creo sabia, se que hay miles de cosas que aún no me pasaron, pero con todo lo que tuve me siento preparada para afrontar lo que se venga sin tener que estar esperándolo. Hoy voy a ser feliz... Y mañana también, porque me parece la mejor manera de disfrutar el tiempo en vez de quedarme parada viéndolo arrasar con todo. ¿Orgullo? El peor de los obstáculos que pudo haber en mi vida. La falta del orgullo es denigrante pero el exceso del mismo es soberbio y asqueroso, es cuestión de tiempo aprender a controlarlo, acallarlo, neutralizarlo, etcétera.
Hoy digo que disfruté mi vida lo más que pude, no me limité a exprimirla, simplemente me la comí hasta la cáscara. Todavía me siento una nena por el hecho de que no quiero tener nada que ver con el sexo, quiero dejar mi virginidad enjaulada por el momento, que no se me vaya de las manos por un buen tiempo, y cuando se vaya, quiero que sea con la única persona con la que voy a estar en mi vida, la cual si no es mi novio me intriga mucho saber quién es. ¿Alcohol? No soy alcohólica, es más, nunca lo fui. Si tomo es porque hay cosas que me gustan y lo hago muy de vez en cuando pero poco me interesa el hecho de inhibir funciones biológicas de mi cuerpo temporalmente, dejarme en vergüenza haciendo cosas estúpidas que me van a recordar de por vida, perder la conciencia y todos esos efectos desgarradores que el alcohol en sangre produce. Lo único que preciso es tiempo, tiempo para hacer lo que más me gusta, para dedicarme a la gimnasia y al canto, para perfeccionarme en lo único que sé hacer medianamente bien, porque para el resto de las cosas soy un total fracaso; también para ver a las personas que veo cada muerte de obispo, es un milagro últimamente poder entablar una conversación con mis amigos, ya sea virtual o corpórea. En fin, sin irme más a los detalles, quiero tiempo ilimitado, un deseo estúpido, imposible y que seguramente muchos desean. Así como vine caminando más que nada este último año que pasó, así es como quiero que sea el ritmo de mi vida, ser quien quiera ser, tener mis discusiones, mis problemas, pero tener muchas más cosas por las que alegrarme y ser, como siempre quise, una buena persona, lo cual soy con aquellos que demuestran que quieren que lo sea. Feliz, feliz no cumpleaños a mi, me quedan casi dos días para que gente con la que nunca hablé me publique “feliz cumpleaños”, o peor “FC” en el muro de Facebook, casi dos días para que venga mi mamá con una sonrisa a decirme “feliz cumpleaños” y darme un abrazo enorme mientras me llena de besos y casi dos días para ver a mi novio, y quizás a mis amigos una vez más, a cada minuto que pasa los extraño más.

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