Todavía siento que fue ayer el día en que llegaste a mi vida, ese maravilloso momento en que todo se detuvo tan sólo para admirar tu plena belleza y esplendor. Quién iba a pensar que luego de tanto, ambos cruzaríamos aquella línea de amistad para convertirnos en algo más. Fuiste dejando tus huellas por mi vida, alegraste muchas de mis mañanas y mis noches, convertiste mis pesadillas en sueños, me ayudaste a ser tan feliz, me diste ese pie para vivir la vida de una manera completamente distinta.
A pesar de todo aquello, todo cuento de hadas tiene su propio final, y el nuestro no fue exactamente un final feliz. Todas esas mañanas y esas noches que antes tu habías convertido en algo hermoso, pasaron a ser las más tristes y largas de mi vida, recordando, inevitablemente, todas esas cosas que tu antes me decías, una forma de masoquismo personal ahora que lo pienso. Y esas huellas que dejaste, son las huellas que aún admiro, que aún observo y me pregunto a mi misma confundida "¿Seguro que no fue un sueño el día que me dijiste lo que sentías por mí?". El resto de los días, fueron días de sufrimiento y de dolor, de verte y no poder decirte que lo mío sí era amor, que no fue cualquier cosa, que lo siento en el corazón... En aquel corazón que dejé al descubierto, confiando en que nada malo me iba a pasar contigo, pensando que lo nuestro iba a ser distinto, sintiendo que me ibas a dar toda la protección y seguridad que yo necesitaba. Ahora le temo al fracaso, no voy a volver a arriesgarme a menos que todo lo que me dicen sea certero, no podré volver a enamorarme sin tener miedo a lastimarme, no podré salir a buscar esa felicidad que tanto anhelo... Y todo por el estúpido miedo que tu dejaste en mi luego de tu partida.
Me juraste más de una vez que lo que sentías era sincero, cuando yo por un momento dudé, insististe en que no mentías, en que si me querías, en que estabas decidido. Seguimos camino adelante hasta que decidiste volver a tu lado del rayón, decidiste volver a la remota amistad, te convenciste a ti mismo de que era mejor la soledad y me condenaste a mi también a vivir en la misma.
Y aunque recordaba demasiado bien lo ocurrido, tenía esa vana esperanza de que todo iba a ser como antes, de que ibas a volver a quererme, esa esperanza ciega, ese sentir absurdo. Y como la chica torpe que soy, esperé y esperé, privándome a mi misma de cualquier tipo de tentación, cuidando no cometer errores, adorando siempre tu fiel figura.
Luego de todo un mes completo de adoración y espera, me hiciste entender que esa luz de esperanza que aún quedaba en mi debía apagarse de una vez, que no volverías nunca jamás, que lo nuestro tuvo un final y nunca iba a volver a comenzar.
Fue en aquel momento en que comprendí que después de vivir en un mundo totalmente fuera de lo real, en ese mundo tan perfecto en el que me amabas y todo encajaba de una vez por todas en el universo, era tiempo de volver a ver las cosas como son, y de darme cuenta de que todo fue una mentira, de que lo nuestro siempre se mantuvo en lo abstracto y de que era tiempo de que volviera ser infeliz como lo soy ahora...
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