23/05/2012
¡Cómo me molesta ser transparente y que esa transparencia no
sea recíproca!, que la gente me mienta, que me oculte cosas porque me voy a
preocupar, porque me voy a poner mal, por lo que sea. Me lo esperaba de
cualquiera menos de alguien tan cercano, me llevé una sorpresa poco grata y
volví a darme cuenta de que me olvido del exceso de credulidad que porté toda
mi vida y es el día de hoy que lo sigo “padeciendo”. Parece que al final
manejarse con la verdad es más difícil que caminar sin experiencia por la
cuerda floja, y que detrás de esa sonrisa tranquilizadora de cada uno que te
rodea existe un rostro nervioso que teme no poder ocultar cosas que equivaldrían
a una patada directa al estómago, o peor aún, una puñalada al corazón vendado. Voy
a empezar a devolver a la gente esa personalidad enigmática que viven mostrándome,
me cansé de ser la tonta, de mi exceso de transparencia; tengo que entender que
no nací de vidrio sino de carne y hueso y que a veces los secretos añaden un
toque de misterio y un deseo incontrolable de sacarlo a la luz.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario