17/04/2012
Me gusta quedarme, distenderme un rato de mi vida y analizar al mundo con mirada melancólica, observando así hechos simples que causan a los demás un insoportable malestar para poder escribir, como hacía antes, “tristemente inspirada”. Tres cuartos de lo que escribo no hablan de mi y de cómo me siento, hasta a veces ni siquiera hablan de gente que yo conozca. Me gusta escribir “ficción”, me gusta la tragedia, me gusta lo romántico y me gusta hablar de cosas que nunca salen bien, entre otros temas. Por esto es que digo que le es imposible a la gente pretender entenderme o conocerme por lo que escribo, mucho menos juzgarme creyendo que lo que plasmo en textos es un resumen de mi realidad.
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