A veces necesitamos una persona que se quede callada al lado nuestro mientras hablamos o lloramos, para sentirnos acompañados en la desgracia. Detesto estar diciendo las cosas para sacarlas del cuerpo y que dejen de molestarme, y que de golpe me cambien de tema con cosas obvias como "ya se te va a pasar, es cuestión de tiempo, no te preocupes por eso. Ahora pensá en tal cosa o vamos a hacer tal otra". Evadir el tema que me causa tanta tristeza nunca funciona, me lo demuestro cada vez que inesperadamente tengo que afrontar a la razón de todos mis desórdenes de nivel psicológico.
Sí, estoy muchísimo mejor.
No, ya no lloro.
Sí, cada vez que te enfrento me queda un gusto amargo en el alma.
No, no quiero verte nunca. Perdón.
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