Creo que no sé cómo terminar de sacarte de mi cabeza. Todo parece estar tan bien hasta el momento exacto en que te veo y mi mirada se funde en la tuya. Hacía un mes que no te veía, yo estaba bien, perfectamente bien, aproveché Córdoba y Gesell de la mejor de las maneras con la intención de olvidar todo de vos y crear recuerdos que reemplacen los que dejaste, intenté pequeños cambios porque sentí que los necesitaba para superarte, para desligarme de todo lo que fuimos, como teñirme el mechón azul de rojo y hacerme un arito transversal (justamente porque sé que los transversales no te gustan para nada...).
¿Qué pasó? Llegó un día en que tuve que verte, día en que de vez en cuando te miraba, me mirabas y como dos tarados desviábamos la mirada; esas intersecciones de miradas fugaces que no significaban más que querer ver en el otro cómo estaba, qué había sido de su vida desde que nos separamos.
¿Qué fue de tu vida? Seguís siendo el mismo tonto de siempre, e incluso creo que potenciado, se ve que el estar conmigo te obligaba a pensar un poco más de lo que solés y eso te devoraba gradualmente por dentro. "El que quiera salir a tomar un helado me manda un sms, total estoy al pedo" lo que me tenté de mandarte algo para ver tu reacción es increíble, pero simplemente con eso no se jode... Tweets como ese me terminan de confirmar que sos un pelotudo. Eso de 'seguir siendo amigos' esta vez parece no funcionar, y probablemente no llegue a funcionar nunca y vamos a morir antes de llegar a aquel objetivo tan utópico. Por momentos creo que llego a odiarte y sin embargo te veo y lográs derrumbar todo desprecio que pueda tener hacia tu persona para reemplazarlo por una sensación de dependencia, de necesidad. Me hacés creer que te necesito, que sin vos no puedo seguir y me dejás días y días deprimida, esperando a que me hables o te dignes a sociabilizar conmigo por algún medio (JÁ, ¿por qué espero cosas tan imposibles y que es mejor que nunca pasen? Ah, cierto que soy masoquista al límite). Veo como te hablás con todas tus amiguitas, te lloro un par de lágrimas e intento aferrarme a alguna idea para olvidar esos sentimientos que me condenan a querer estar en cama todo el día llorando porque te quiero conmigo. Después de haberte visto dos veces esta semana quedé destrozada, y más todavía cuando tu mamá me dijo "se te extraña por casa"... Yo también te extraño Ana, extraño sentirme incómoda cuando estabas presente e intentar hablarte de algo sin parecer muy boluda, ¡te extraño muchísimo!. Creí que esta vez me había hundido de nuevo, que todo ese progreso que logré entre Córdoba y Gesell se había ido por las tuberías. Hundida en mi depresión, invité a mi prima a quedarse a dormir un par de días en casa, me siento muy sola ahora que sólo estamos mi hermano y yo conviviendo. Mágicamente llegó mi medicina, la luz al final del túnel que pudo haberme matado de un ataque de euforia. Ese 'como estas?? (:' más que inesperado a eso de las dos y media de la mañana tuyo, de la persona que logró implantar nuevos recuerdos en mí una noche que habíamos tomado un poco de más en Gesell. Eternamente agradecida le estoy a esa noche, a vos y a tu reaparición que jamás imaginé ocurriría. Sé que lo más probable es que ni siquiera volvamos a vernos para pasar otra de esas noches mágicas (lo cual me encantaría, y por lo visto a vos también), pero el solo hecho de saber de vos, de que me digas un par de boludeces, me deja con la mejor de las sonrisas pegada en la cara por muchas, muchas horas. Es una pena que esos planes de vernos sin nada serio de por medio no se hayan llevado a cabo, pero todavía mantengo mis esperanzas de volver a divertirnos, esas que vos avivás con cosas como "te mando un último beso donde quieras!", "en fin.. como dice mi madre 'no apagues todas las velas..' " o "mas adelante quien sabe". Lo que más quiero es agradecerte, me enseñaste que el boludo no es el único en el mundo y que siempre hay algo esperando por uno a la vuelta de la esquina, sea bueno o malo, y hay que estar bien para afrontarlo de la mejor manera.
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