30/11/2012

A uno lo ciega tanto la tristeza que cree que está en un callejón sin salida, que nunca va a volver a estar bien, que sonreír se encuentra en un futuro muy lejano. ¿Cómo batallar contra tanta infelicidad? Después de estar tan acostumbrados a que las cosas nos salgan de la mejor manera, ¿de dónde sacar la fortaleza para inspirar bien profundo y seguir adelante, a un ritmo cómodo? Esas son las preguntas que inconscientemente me vengo planteando estos últimos días, todavía estoy buscando el mejor lugar del cual agarrarme para que la depresión deje de quitarme las ganas de arrancar el día. Peor aún, no entiendo bien qué es lo que quiero y vivo replanteándome las cosas cada dos días aproximadamente, cambiando de opinión, buscando siempre algo distinto a lo que creía querer. Tengo miedo de meter más la pata, de terminar arruinando las pocas fuentes de felicidad que me quedan y que ya no me queden chances de empezar a sentirme bien. Cuesta muchísimo arrancar el día con la mente en positivo, no me reconozco a mi misma de lo pesimista que estoy y me molesta muchísimo pasar el día amargada, deprimida, con un vacío que me devora de a poco. ¿En qué pongo la mente para no caer más?

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