El estómago después de muchos golpes se volvió débil, tanto, que es mucho mejor tratar de amortiguar las golpizas repitiéndome el mismo pensamiento pensamiento una y otra vez como una máquina: "no tengo de qué preocuparme".
Donde me preocupo, me altero y vivo con nervios.
Si me altero, dejo de comer gracias a mi amigo el nudo de estómago.
Si no como, adelgazo, sólo de cara y busto, algo asqueroso para mi gusto, prefiero ser rellenita...
Cuando llego a ese extremo me convierto en otra persona, una con semblante triste y voz quebrada constantes. Estoy harta de preocuparme por todo, de asumir problemas que no existen o no son míos, harta de todo lo que me hace mal. Quiero poder, el poder de sentirme bien sin tener que adoctrinar mis sentimientos para que dejen de ser una carga. Deseo que todo siga como ahora, como este mismo momento en el que tolero "aquello" después de razonarlo meticulosamente de punta a punta un par de veces.

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