Y así, de repente, sentí como si alguien desde el principio de mi recorrido jalara de una cuerda que anduve llevando sin darme cuenta hasta el final. Empecé a ver todo alejarse con una velocidad tan impresionante que no me dolió tanto el saber que una vez más todo se me caía a pedazos.
Desperté y ahora siento todo aquello que quise evitar pesando más que nunca sobre mis hombros; estupendo, va a ser otro día más en que voy a tener que lidiar con esos gritos de dolor constantes que de a poco me martillan la cabeza.
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