A3

Puedo sentirte, puedo acariciar tu mano, tus brazos. Sos mío, tan mío que la demencia me agobia, me río a los gritos y mi eco me taladra los tímpanos. Recorrí con mi vista ya todo tu cuerpo, de abajo hacia arriba te voy explorando, no muy detalladamente quizás porque tengo miedo de que antes de terminar de hacerlo te desvanezcas, sé que tarde o temprano lo harás. Cuando por fin alzo la vista con la intención de mirarte a la cara sólo consigo ver tu pelo, el que aún no toqué pero estoy convencida de que cuando lo haga va a ser para mí la gloria. Ahora entiendo, estás junto a mi oído susurrando cosas que no logro descifrar por la emoción que me embarga.

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