25/07/2012

"A leer y a dormir" me dije y no lo hice. Me quedé reconstruyendo recuerdos, los malos recuerdos que uno siempre cree que ya no le afectan pero un pequeño golpecito por parte de ellos y ya te dan ganas de salir corriendo a esconderte abajo de las sábanas para llorar un rato. Por suerte a estas alturas ya no es el caso, pero no puedo dejar de sentirme culpable por muchísimas cosas. Pedí miles de veces perdón por hacerle pasar un mal rato y siempre me dijo que no tenía por qué hacerlo, que no me preocupara y que lo que le pasara eran problemas suyos a los que sabía que iba a tener que afrontar. Sigo, a pesar de aquello, con el pensamiento fijo de que toda la culpa es mía, a veces con una sonrisa y un par de palabras tiernas no se puede arrancar del ser un sentimiento que se esmera en alterarte. Perdón de nuevo; disculpame por ser molesta, por no tener el mejor humor de todos, por ser celosa, por enojarme cuando no me gusta tu respuesta o porque no tenés ganas de acompañarme a algún lado, y por tener, a veces, ganas de llorar por nada. Pido perdón porque siento que diste muchas cosas por estar conmigo y yo te lo devuelvo con estas acciones algunas veces. Espero que con los esfuerzos que hago por hacerte sentir feliz y amado se te haga más tolerante el convivir conmigo en momentos en que sólo te muestro lo peor de mí.

¿Por qué en los momentos en que uno necesita con urgencia un abrazo no hay posibilidad de conseguirlo? Quiero estar entre tus brazos y volver a olvidarme de esa culpa que, por más perdones que te pida, de vez en cuando reaparece.

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