Fue terrible la sensación de vacío que sentí terminada la mañana, llegando a casa después de visitar mi viejo y tan amado colegio. Volver a disfrutar de esos actos con más de trescientas personas sentadas mirando un escenario, ver nuevamente a mis anteriores profesores dirigiendo el acto, reírme y hacer comentarios acerca del acto con quien tengo al lado (en este caso, el negro)... Extraño mucho eso. Pensé que no iba a pasar, que odiaba estar en el colegio, pero hoy, después de repetidos ataques de nostalgia que raramente me llenaron de felicidad y no de tristeza a lo último del día, caí de lleno en la cuenta de que si pudiera volver el tiempo atrás lo haría con gusto, para volver a caminar los muchos patios de mi segundo hogar, para repartir mis abrazos, bailar, caminar y moverme como una hiperactiva de mierda en el medio del recreo, para salir de las horas de inglés e irme con un par a tomar mates con el profe de catequesis, para quedarme hasta las cinco de la tarde haciendo gimnasia... Extraño tanto todo e igualmente estoy muy feliz, feliz de poder atesorar buenos recuerdos de un tramo que caminé trece años, a pesar de que me embargue muchas veces la tristeza de no poder seguir vagueando ese sendero que tanto me gustó y sigue gustando.
Hoy desearía que los múltiples sueños que tuve, esos en los que volvía a segundo de polimodal, se hicieran realidad... Por lo menos de a ratos, para no olvidarme ese gustito tan particular que tiene la vida en el colegio.
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