18/03/2012

A veces me gustaría robarle la libertad de elección a mis amigos, sólo en esos momentos en que los veo completamente en pedo y se vuelven hincha pelotas y esos momentos en que, por el pedo mismo, se ponen a fumar. El cigarrillo, ¿cuánta necesidad de llenar los bolsillos de empresarios despiadados e ir despedazando el sistema respiratorio? La verdad, no lo entiendo. No entiendo cual es la satisfacción que sienten por fumarse un cigarrillo cada fin de semana, uno cada día o una caja en menos de dos horas. Me saca completamente de mi ser ver a mis amigos fumando, es una de las cosas que más me pesa en el pecho y me presiona insertando la impotencia que siento en ese momento cada vez más dentro mío. Me supera el hecho de no poder hacer nada para evitar eso, me angustia ver cómo se destrozan la vida sin que haya realmente una buena razón para hacerlo y me decepcionan mis amigos. Ya llegué al punto de mirarlos y decirles "hacé lo que quieras", por ahí porque me cansé de escuchar "explicaciones" o porque me parece tonto que me pidan perdón o me insistan en que no me enoje cuando pelan un cigarrillo de la nada. Me sorprenden pero no de la manera que me gustaría. Odio todo eso de crecer y arruinarse. Nunca salgo, no es una actividad que vaya mucho conmigo, pero este sábado a la madrugada me tuve que fumar el humo de miles de chicos que eran próximos a mi edad. Siempre me digo "ya está, ¿qué le voy a hacer?" pero me molesta, bah, más que molestarme, me pone triste, demasiado. No quiero ver como todas esas caritas que veía tan inocentonas empiezan a desfigurarse para ser otros más en el montón. No quiero saber NADA con los cigarrillos, nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario